Joyce Carol Oates entró en mi vida por casualidad y con mal pie. Aposté por traer un libro suyo a la Librería y, dado que no se vendía, que era de bolsillo, que se estaba poniendo feíllo y me daba pena devolverlo porque su autora es una eterna candidata al Nobel, decidí quedarme con él. Adoptado. Se llamaba "La hija del sepulturero", y ni el título ni la portada me gustaban mucho. Recuerdo perfectamente soltarlo en la mesita de noche, bajo otros dos o tres, y dejarlo esperar su turno. Y su turno llegó recién empezadas mis vacaciones de hace dos años. Eso de despertarse y pensar que lo que más te apetece es hacerte un café y bebértelo agustito en la cama mientras lees, y poder hacerlo, es un placer absoluto. Y ahí lo cogí. Con cierta pereza. Y me dio la una de la tarde. Y después de comer necesitaba seguir con esta historia.
En cuestión de horas, esta señora había abierto un mundo nuevo en mi mente y entrado en mi vida para quedarse. Porque Joyce Carol consigue que llegues hasta a oler lo que huelen sus personajes. Ya no te digo lo que te hace sentir. Y como yo soy muy enamoradiza y muy fan de lo que soy fan y no tengo fondo, empecé a buscar todo lo que hubiera escrito esta santa mujer. Y voy a dar con "Puro Fuego (confesiones de una banda de chicas)". Y lo mismo: el título no me decía mucho y la portada era bastante sosa. Pero fue abrirlo y empezar a salivar. Y a darme todo lo que me da con un libro que me agarra de las tripas: palpitaciones, obsesión con los personajes, insomnio, problemas para distinguir realidad y ficción. Chungo. Porque hasta que no dejé a las Fox Fire colocadas no podía pensar en hacer otra cosa. Me parecía hasta indecente abandonar a estas chicas ahí, solas, perdidas en las páginas del libro, en coma hasta que yo como lectora las resucitara.
Luego vinieron más. Unos me quitaron el aliento: Diario del Primer Amor, Solsticio, Un jardín de placeres terrenales, Qué fue de los Mulvaney, Niágara, Bestias; otros me dejaron bastante fría: Ave del Paraíso, Mamá, A media luz. Me faltan por leerme un montón, pero esta mujer, que escribe sin descanso, no tiene mucho traducido y encima gran parte de esos están descatalogados. Y como descatalogado aparecía "Blonde", el libro que le dedica a la figura de Marilyn Monroe. Lo pedí por Iberlibro y me costó una pasta, porque la librería que me lo vendió sabía lo que estaba haciendo. Pero podría haber pagado el doble. O un riñón. Porque lo que me dio este novelón no tiene precio. Una semana de mi vida en estado febril siendo arrollada por la historia que me estaba contando. Y que todos sabemos cómo acaba. Pero que daba igual. Me salía de mi cuerpo y me llevaba con ella a ese mundo sucio, decadente, morboso, enfermo en el que pasa todo, en el que, como en toda novela total, está el mundo entero. Y yo sentía que me ahogaba, que de esta historia iba a salir muy tocada, que iba a tardar tiempo en digerirla y dejar de soñar con ella. Pero no podía soltarla y ahora, cada vez que paso cerca de este tomazo de 1.000 páginas, le acaricio el lomo. Amor total.
1 comentarios:
Desde que lei tu entrada busque y busque entre mis libros sabia que tenia algo de Joyce Carol Oates y sabia que no lo habia leido,es de estos libros que te regalan y no los lees porque tienes otros y como no te suenan.......Dios,gracias me has arreglado estos dias de fiestas ya tengo algo que hacer para pisar poco las fiestas.Un jardin de placeres terrenales.GRACIAS RITA.pipi.
Publicar un comentario en la entrada